Las redes sociales en la web 3.0 o la tercer ola del marketing

Herbeth Simon, Premio de Economía opinaba que la riqueza de información genera pobreza de atención.

Esta frase se ha extrapolado y utilizado para varios efectos, entre otros para tratar de entender la forma en que actuamos en nuestros días.

Es interesante notar que a medida que nos acomodamos a la economía pos-industrial, nos encontramos en terreno poco firme tratando de entender cosas tan simples o complicadas como administrar nuestro negocio.

La lucha contra la incertidumbre ha sido una constante humana desde que tuvimos conciencia de ser algo más que recolectores y quisimos controlar y dominar nuestro entorno.

Según Yuval Harari, la razón por la que los humanos dominamos el planeta es porque nos contamos cuentos y los creemos. Cooperamos entre nosotros encontrando sentido a historias colectivas que salen de nuestra imaginación.

Esto es comprensible en tiempos antiguos, cuando no teníamos comunicación en tiempo real, redes sociales, chat en línea y otras maravillas de la civilización electrónica.

En aquel entonces, ante la falta de control, desarrollábamos historias comunes, en forma de cuentos, leyendas, incluso religiones. Pero hoy gozamos de mucha información.

La pregunta es si esa información nos da más o menos control y a quién le creemos.

La siguiente pregunta es si habiendo tanto que ver y oir, vemos y oimos algo realmente.

Por eso, creo que la nueva ola del marketing tiene que ver con el sentido de la vida y la existencia.

Seth Godin ha dicho en repetidas oportunidades y en varios de sus libros que las personas en la era digital nos reunimos alrededor de temas o intereses que nos llevan a convertirnos en tribus digitales.

Al atar todos estos conceptos nos encontramos que el contar con enormes cantidades de información no incrementa nuestra sensación de conformidad o de plenitud, sino más bien nos recuerda que no podemos controlar el entorno y que necesitamos encontrar sentido a lo qué hacemos y por qué vivimos.

Queremos sentirnos humanos en una comunidad.

Esta necesidad de sentido de la vida, de metas colectivas nos confronta en la era de la red a una realidad de contenidos enriquecidos por valores que nuestros interlocutores quieran compartir.

Ya no ofrecemos productos, somos parte de comunidades y movimientos con sentido de la vida, de las necesidades comunes y de encontrar dónde enfocarnos.

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